miércoles, 10 de agosto de 2016

A propósito del 40 aniversario de Expreso Imaginario

"En 1979 yo cursaba el 4to año en la UTN, estaba oficialmente de novio, ya habían transcurrido dos años de leer el Expreso, mis discos ocupaban un estante completo bajo la bandeja giradiscos, me había comprado una guitarra Fratti Telecaster donde dejaba volar mi balbuceante creatividad musical.
Y otra vez el colectivo como un lugar de iluminación, de encuentro. Estoy parado, leyendo el Expreso Imaginario que acabo de comprar, tiene una tapa muy verde, con unas cabras pastando y un solo titular: ¿te acordás de la naturaleza?
Ese Expreso publica un extenso reportaje a Gary Snyder (6 páginas que continuarán en el número siguiente). ¿Quién era este tipo? Snyder había sido compañero de aventuras de los Beatniks. Antropólogo, ecologista, practicó varios años zen en Japón, ganador del premio Pulitzer de poesía.
Snyder inspiró al personaje central (Japhy Ryder) en la novela “Los vagabundos del Dharma” de Kerouac. En una temporada en los bosques, donde él vivía, les enseñó a esos beats ferozmente urbanos (Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti, Corso y varios más) a percibir la naturaleza, a ampliar sus conciencias, a estar atentos al hecho de… vivir.
Snyder estaba envuelto desde los 60 en proyectos comunitarios, en la vuelta a la tierra. Decía cosas como “mis amigos y yo vamos a estar en este lugar por los próximos 2 o 3 mil años…”, “necesitamos pensar en escalas mayores de tiempo…”, “la naturaleza es mi maestra, mi ejercicio la vida”, “ si lo que los hindúes, los cristianos, los shoshone, los budistas y los hopis sugieren es cierto, entonces toda la civilización tecnológica-industrial-de consumo está equivocada”…¿qué más? Mucho más…el Expreso del que estoy leyendo esto está profusamente subrayado por mí con lápiz.
Snyder en lugar de huír hacia delante, avanzó hacia adentro.
Y acá aparece un tipo que pasó por la generación beat, la contracultura, y llegó a alguna forma de vida plena.
En “Ocho Brazos…” Kureishi también dice: “…no teníamos modelos para imitar…”. Nosotros tampoco. Y Snyder para mí representó el ideal del tipo lúcido, comprometido, serio, medido, iluminado, que pisaba terreno firme: perfecto! He aquí un modelo a seguir, hasta en la campera!" (de mi trabajo final para la materia "Rock y Pensamiento" Facultad Libre de Rosario, 2007)

martes, 26 de julio de 2016

Fósforos hindúes, la barrera de coral y el sentido de la vida

Despúes de ver el documental Mission Blue, sobre los océanos.
Después de intentar encender la estufa y gastar siete fósforos (nunca me pasó en la vida).
Son fósforos en su típica caja de cartón roja y amarilla, sin los patitos, y con una peculiaridad: una estampilla de la
Afip (!). Made in India.
Estos fósforos atravesaron dos océanos para llegar a casa, y son de mala calidad. Gasto de combustible, emisión de CO2, calentamiento global, muerte del coral, océanos agonizantes, los mismos que cruzaron estos fósforos, y el error tremendo de una economía global que hace “viable” esta flagrante inviabilidad. ¿Cómo podría ser más barato traer fósforos desde miles de kilómetros de distancia? No way. ¿Qué sueldos se estarán pagando a los obreros de la India en esa fábrica de fósforos? ¿Qué precio se pagará por talar esos árboles, que quizás ni crecen en la India? ¿Qué precio tiene el combustible que impulsa el barco cargado de contenedores que viajó hasta el sur del mundo? Y encima no encienden.
Algo está muy muy mal. El color rojo y amarillo me engañó. Una vez más, reafirmo mi propósito de mirar y volver a mirar las etiquetas, la letra chiquita de los productos que compro. Si nadie compra, el barco no sale, no se emiten gases de efecto invernadero al cuete, el océano sufre menos, su papel como regulador del clima global se mantiene.
¿Y el sentido de la vida?
Hace unos días compartíamos un café con un amigo, y él me hablaba de sus problemas de pareja. Estábamos dentro de una librería, y sentí que había una pared llena de libros de autoayuda sobre el tema. Y todo sigue casi casi igual. Que la cabeza elabore estrategias para que el corazón sienta de otra manera. Difícil meta. ¿Imposible?
Otra cosa: cuando estamos bien, razonablemente bien, nos sentimos ecuánimes, evaluamos con cabeza fría las estrategias, visualizamos posibles escenarios futuros, somos diestros jugadores del ajedrez de la vida. Dibujamos esquemas en forma de torta donde las porciones representan el cuerpo, la espiritualidad, el trabajo, el amor... y nos ponemos metas para equilibrar su tamaño, un poco más aquí, menos allá... y además nos da la sensación de estar “creciendo”, tomando las riendas de nuestra vida.
Cuando estamos mal, “al horno”, cuando saltamos de la sartén al fuego, y la vida es intensa y duele, queremos algo, alguien, un método, un camino que nos saque de ese lugar. Cuanto antes, para ayer si es posible. No ecuanimidad, no diagramas, no escenarios futuros. El ahora duele.
¿Hay algo que se nos está escapando en esta dinámica? ¿Quién es el que en un momento está bien, y en otro, en el fuego quemante del sufrimiento? ¿Quién es el que decide qué hacer para salir de ahi? Propongo, desde la ecuanimidad de este momento, mirar, permanecer, sentir qué es lo que realmente ocurre. Claro, lo digo ahora, que estoy bien, y no cuando estoy “en el horno”.

miércoles, 28 de octubre de 2015